Os presentamos a Carles Pinyol y www.pinyibicis.com

Cuando Carles nos pidió diseñar la página web de Pinyi Bicis, nos pusimos felices. No solamente porque tenemos la suerte de contar con este peculiar hombre entre nuestros amigos. Siempre nos interesan los trabajos que requieren una sensibilidad extra, aquellos que tratan de vender algo más que un servicio o un producto. Y es que el gran Pinyi es mucho más que un mecánico de bicicletas. Si queréis entender un poco más este fenómeno no os perdáis esta entrevista que le hemos hecho y no dejéis de visitar su página web www.pinyibicis.com

Para aquellos que todavía no te conocen: ¿Quién eres Pinyi?

Nací en Barcelona, pero me siento un ciudadano catalán. De hecho creo que he vivido en las cuatro provincias. Soy un hombre de mediana edad… ¡ese es un detalle importante! No soy un apasionado de la bici, sino de la mecánica, pero la bici es ideal para satisfacer mi pasión. Disfruto haciendo esto, de forma egoísta, podría decir. Hace cinco años, mi amigo Pau Zamora me ‘arrastró’ para ayudarle a montar su propio taller. Y un día, de repente, abrí los ojos y ya estábamos colgando el cartel de Pinyibicis. No lo vi venir. No hubo un plan.

¿En qué consiste Pinyi bicis?

Somos mecánicos. Tenemos dos actividades distintas, nuestro taller de barrio en Sants y nuestro servicio de asistencia en carreras que nos hace viajar por todos lados.

Con esas dos líneas de negocio tan distintas, ¿Qué tipo de clientes tienes?

Ayudamos a cualquier persona, ¡mientras tenga 2 ruedas! Atendemos desde a un triatleta de primera categoría como Marcel Zamora [cinco veces ganador de Niza y del Embrunman] hasta al ‘perroflauta’ con su bici y su caja de fruta atrás. Pero eso no importa. Que sea un pepinazo o un viejo hierro nos da igual. Nosotros investigamos, buscamos la forma de resolver las cosas. A mí, de hecho, es lo que más me gusta. Unos se sientan en una mesa de la oficina para hacer un brainstorming, mientras que nosotros nos tomamos un café mirando y debatiendo sobre una bici problemática.

¿Por eso los clientes os eligen frente a las grandes tiendas de Barcelona?

Quiero pensar que acuden a nosotros porque saben que buscamos soluciones, saben cómo trabajamos. Hay una gran diferencia aquí: reparamos, no cambiamos. A veces nos cuesta horas. Pero ese es nuestro compromiso.

Desde Youniti, hemos diseñado tu página web intentando responder a tus necesidades. ¿Qué objetivos tienes?

Tengo la necesidad de transmitir mis servicios a la gente de fuera de Barcelona. Me muevo mucho fuera por las carreras, y en los grandes eventos atiendo a ciclistas de todas partes. También nos llegan restauraciones de toda España. Por otro lado, me di cuenta que algunos clientes no conocen todo lo que podemos ofrecer. Por ejemplo, mis clientes triatletas me tienen como mecánico de triatlón, y al revés con los de montaña. Quiero dar a conocer lo que hago y lo que soy.

¿Te gusta comunicar? ¿Cómo vives esta parte del trabajo?

Más que comunicar, me gusta enseñar. Si vienes con tu bici, te atiendo y paso tiempo haciendo el diagnostico de lo que falla. Te explicaré cómo podemos solucionarlo. En cambio, puedo ser muy fanfarrón con mis amigos, pero la realidad es que no me gusta mucho hablar de mí. Es difícil romper esta barrera, el venderse uno mismo.

¿Y las redes sociales? Pareces muy suelto en ellas. ¿Te has visto obligado? Nosotros sospechamos que le has cogido el gustillo…

Al principio monté mi perfil personal en Facebook. Me sentía muy libre. Pero hace poco, me di cuenta que la gente buscaba información del taller a través de este perfil. Ahora, tengo que tener cuidado y me muerdo mucho la lengua. Tengo un problema aquí. Instagram es más una diversión, aunque también tengo un buen lío con varias cuentas. Lo cierto es que las redes sociales funcionan. Noto muchísimo la conversión con algunos contenidos que tienen mucha difusión, como por ejemplo los videos de Merce San Juan. Me aportan notoriedad y clientes.

‘El Pinyi’ tiene un carácter fuerte y apasionado. Con el tiempo, ¿Crees que es algo que te ha permitido diferenciarte de tu competencia o, al contrario, te ha perjudicado?

Creo que es 50/50. Pero no es una cosa que pueda cambiar. Hay personas más receptivas a mi forma de ser, y otras a las que les repele. Es importante para mí mantener lo que soy. Eso pasa por saber decir ‘no’ cuando toca. Aun así, con este carácter, cada vez que montamos un pequeño evento, se apunta mucha gente. ¡Al final será que soy un poco popular!

Estás en el mundillo desde hace tiempo. ¿Cómo ves la evolución del ciclismo amateur?

Se ha masificado y diversificado. Ambas cosas. Todo el mundo hace deporte, y la bici es una opción atractiva. Hay muchas comunidades para todos los perfiles… Hardtrail, Triatlón, MTB, Gravel… Personalmente, no creo que sea positivo. Está pasando un poco lo mismo que con las motos. Aparecen tiendas especializadas en algunas marcas que parecen showrooms y luego en pequeños talleres generales como el mío atendemos a la gente cuando ya no están cubiertos por las garantías oficiales. Todo eso genera un consumismo irracional. Esta segmentación nos lleva a idioteces que nos apartan del objetivo principal, disfrutar del deporte de forma social y sencilla.

Y respecto al material, con la aparición de la electrónica y otros artefactos en las bicis, ¿no se ha complicado el trabajo?

No se complica, se multiplica. Aunque tengo que reconocer que lo pasé mal cuando me tocó montar mi primer Shimano electrónico (en la bici de Marcel Zamora, cuando era una novedad absoluta). Por eso, nunca dejaremos de tener ‘faena’. La electrónica es cada vez más presente, obviamente. También nos llegan cada vez más bicis eléctricas, por cierto. Es nuestra realidad, pero pienso que la mecánica ‘clásica’ siempre estará. El desconocimiento de los propios clientes también aumenta el volumen de trabajo.

Has vivido 1000 historias en las carreras o en tu taller… ¿Tienes alguna anécdota preferida sobre una asistencia?

Creo que tengo una historia que muestra bien lo que es Piny i bicis. Un señor apareció un día en el taller con un ruido de freno en su bici de montaña que no supo resolver una tienda muy reconocida de Barcelona. Cuando le dije que le costaría 120 euros, se enfadó. Se lo pensó unos minutos, hizo llamadas y consultas, antes de aceptar. Entonces le dije que serían 140 euros. Se cabreó, mientras le explicaba que era por el tiempo que me estaba haciendo perder. Al final insistió, y cogí la bici. Una hora más tarde, le llamé para decirle que ya la tenía arreglada.  Vino incrédulo, probando la bici por arriba y abajo en la calle. Con todo resuelto le dije que la incidencia era tan ridícula que no le quería cobrar nada. ¡Y se cabreó de nuevo! Los dos estuvimos chillando un rato, hasta que le dije que cogiera su bici y que no volviera nunca más. Cuatro horas más tarde, volvió con cuatro bicis de sus amigos para ponerlas a punto. Y ahora es un cliente habitual.

La pasión se comparte
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